Admiración
Uno, en la vida, debe ir con cuidado: de los imbéciles se puede olvidar, por el contrario, de las personas admirables, nunca hay que olvidarse. Se agradece a los admirables la inspiración profesional y las lecciones de vida que, muy a menudo, son cosas que van juntas. Son gente que hace sencillas cosas que son realmente muy complicadas. Pero, también hay personas que complican innecesariamente cosas que deberían ser naturalmente espontáneas y sencillas.
Uno descubre que para sofisticar sirve cualquiera, pero que, para actuar con sentido común no sirve todo el mundo. Para comportarse con sentido común no hay que apuntarse a ningún seminario ni exhibir títulos académicos, hay que entender los contextos y pensar por cuenta propia.
Uno observa cómo algunos directivos menosprecian a su propia gente para darse importancia. Es muy difícil imaginar una mayor mediocridad. Otras veces se observa gente comprometida en que nada cambie, medio por inseguridad, medio por pura pereza. A veces, se advierte la presencia de gente, superada por la complejidad, que reacciona coleccionando compulsivamente lugares comunes. Hacen ruido para parecer que hacen cosas. Convocan reuniones para no estar solos ante su propia incompetencia.
Uno se encuentra en situaciones en las que la ostentación y la arrogancia le invaden en una gran vergüenza ajena. Los egosistemas lo invaden todo y existe gente cuyo ego llega indefectiblemente unos minutos antes que su cuerpo gentil. Nunca hay que añadir fuegos artificiales a la autocomplacencia porque uno acaba haciendo micromanagement de la tontería.
Cuando se piensa poco en los clientes, se multiplican las tonterías y los errores no forzados. Crece la burocracia y falta espacio para poner a tanta gente en copia en los e-mails. Es fácil perder la calma entre tantos indicadores. En una empresa nadie gana la batalla por su cuenta. Formarse es ir a clase, pero aprender es una decisión personal fundamental para uno mismo y para la empresa. La alternativa de aprender es envejecer indolentemente.
La tecnología es fundamental pero la empatía es más importante que la tecnología, en especial, si hablamos de la inteligencia artificial. Una empresa va bien cuando la gente que se quiere complicar la vida asumiendo responsabilidades gana por goleada a los absentistas. Con los absentistas contumaces no se construye nada. Necesitamos proveedores de resultados, los proveedores de excusas salen solos. No hay que sofisticar ni buscar atajos. Ni las metodologías, ni las epifanías, ni los carismas son suficientes.
Las empresas son una comunidad de personas que transitan de un propósito a un legado y que deben ganar dinero para sobrevivir. Hacerlo con sentido común es procurar que todos puedan crecer para que todos puedan estar comprometidos. Un negocio tiene éxito si gana dinero. Una empresa tiene éxito si gana dinero, si hace crecer a su gente y si influye positivamente en la sociedad. Una empresa tiene éxito cuando es sencillamente una suma de gente buena y de buena gente.
Sentimos una gran admiración y les damos las gracias a: los que toman decisiones difíciles; los que crecen haciendo crecer; los que saben digerir el éxito; los que se levantan de los fracasos; las personas sencillamente sabias que sobreviven en medio del empacho de expertos; los proveedores de sentido común. Ellos son los auténticos artífices de las empresas que admiramos por su buena gestión.
En FFACT, en el apartado TO THE EXCELLENCE encontrará un interesante cuestionario de 40 preguntas sobre «la organización general de la empresa» que le ayudará a reflexionar sobre este importante tema.
Feliz semana a tod@s.
