Buenismo
El buenismo, en el campo del management empresarial, propone la tolerancia infinita ante los comportamientos impropios de personas con derechos y obligaciones. El buenismo no combate las siguientes situaciones:
- Aquella en la que se conculca la dignidad de las personas por razón de género, edad u origen.
- La existencia de que los tóxicos, los que según Einstein “tienen un problema para cada solución”, impongan su ley y ocupen el nivel que ocupan en la organización.
- La situación en la que algunas personas impiden el crecimiento de los demás por interés o sin sacar provecho de ello.
- No se promueve el equilibrio entre personas y máquinas para alcanzar una competitividad real compatible con equilibrar la ecuación personas – máquinas, a favor de las personas.
- No se defiende la competitividad con límites. Se admite el “todo vale”.
Una empresa donde se ejerce el buenismo es aquella en la que no se puede importunar a aquellas personas que claramente no contribuyen a la comunidad. No se puede decir a los aprovechados que no trabajan, que son unos insolidarios. No se puede llamar a los absentistas recalcitrantes y a los abusivos por su nombre. No se puede decir a los tóxicos que lo corroen todo. No se puede practicar la intolerancia con los intolerantes. Existe una condescendencia exponencial para los que no solamente no suman si no que, con su actitud, restan.
El buenismo convive muy bien con las excusas. El buenismo es ingenuidad o subterfugio ante el conflicto, es eludir las conversaciones difíciles y las decisiones complejas. El buenismo es justificar con sofisticación. El buenismo piensa sólo en incentivos y olvida las responsabilidades, pero una empresa sin exigencia de resultados es una empresa condenada. El buenismo espera que los problemas se diluyan, lo fía todo a la motivación de las personas por parte de los demás. El buenismo no nos ayuda a superar la mediocridad.
Por el contrario, el management humanista defiende que toda empresa debe dar resultados, pero no de cualquier manera. Resultados sí, pero sin orillar a las personas, sin faltar a su respeto y a su dignidad. Es mandar con determinación, y desde el respeto. Distinguir entre talento y no talento. No es justificarlo todo. Es una forma de entender las relaciones humanas basadas en la empatía, la humildad y la generosidad. Es apostar por dar otra oportunidad, pero sin caer en la ingenuidad infinita. No es una patente de corso para encubrir la indolencia, la arrogancia, o la desafección militante. No es convertir una empresa en una guardería.
El management humanista es autoexigente porque está comprometido con tener empresas donde las personas no sean arrinconadas por las máquinas ni por arribistas del beneficio a corto plazo. Crea espacios de confianza compartida donde se equilibran las aportaciones de las personas y de la empresa en una lógica de crecer haciendo crecer a los demás.
En FFACT, en el apartado TO THE EXCELLENCE encontrará un interesante cuestionario de 40 preguntas sobre «las habilidades directivas» que le ayudará a reflexionar sobre este importante tema.
Feliz semana a tod@s.

Y cuál debe ser el enfoque del management humanista ante empleados que dan lo justo sin ir más allá de su área de confort, sin exigirse, y cuando lo hacen te lo recuerdan hasta el hartazgo, como mártires. Cuál debe ser la actitud a tomar, cuando se palpa la falta de generosidad en el equipo siendo uno/dos los que acaban tirando del carro y llevando a la empresa un pasito adelante mientras el resto “disfruta” del trayecto?
Muchas gracias por su aportación. Desafortunadamente, lo que usted describe es una frecuente realidad de las empresas. Es por ello que siempre hemos enfatizado que vale más prevenir que curar. Esta situación recuerda la importancia que tiene una buena selección de personal. Pero esta nunca es 100% perfecta. El seguimiento posterior del comportamiento de la persona en la empresa es básico para determinar su valía e integración.