Management del sentido común vs del “prêt-à-porter”
El management del sentido común.
Navega con criterios naturales. Huye de la pirotecnia conceptual. Usa palabras corrientes. Sabe de la complejidad, y por ello trata de no aumentarla. Evita injuriar el pasado sin negar la gran metamorfosis que vivimos. Sabe que las personas son las que inclinan la balanza. Se sacude el escepticismo desde un compromiso práctico. Tonterías, las justas. Al sentido común lo delata sobre todo el pensar con criterio propio y una cierta prudencia ante la última palabra fetiche del management de los coleccionistas de tendencias.
Se preocupa por las preguntas: ¿Qué necesita mi cliente que no me sepa expresar? ¿qué aspiraciones, problemas o necesidades tiene mi cliente que las tecnologías emergentes pueden ayudar a solucionar? ¿mis clientes están preparados para la innovación? ¿cómo vamos a identificar que hay que aprender primero? ¿quién puede desplegar las ideas, los planes, y las estrategias? ¿Cómo ayudar a los demás a encontrar su mejor versión? ¿qué vamos a dejar como legado?
Su belleza consiste en saber que el management no es una ciencia. Que ante retos similares hay soluciones diversas porque la protagonizan personas diversas. Es una invitación a la innovación y la transformación, a buscar soluciones genuinas para empresas singulares. Su belleza son las personas. No lo arregla todo, pero a menudo evita estropear muchas cosas.
No hay teoremas infalibles de estrategia. No hay un único modelo de innovación. No hay un marketing falaz y otro con garantías de éxito. Hay gente que piensa, que se esfuerza, que ejecuta con calidad y procura crear un equipo de personas que transitan del propósito al legado. Admira la recurrencia de aquellos que saben vender con margen, producir y cobrar lo antes posible.
El management “prêt-à-porter”
Cree que la solución viene de aplicar metodologías salvadoras cual recetas infalibles. Cree en la tecnología como el nuevo demiurgo. Tiene empachos recurrentes de indicadores, aglomeraciones de reuniones y propósitos tamaño poster. Tiende a la sofisticación. Cuando los mediocres se apoderan de este método lo convierten en un management de todo a cien. Construyen arcos de triunfo con la autoayuda.
Este management es cosa de esa gente que cree que con leer el último libro en inglés tiene todas las soluciones. No creen que se debe leer para pensar. Quieren convertir la fortuna en teorema universal y les cuesta celebrar los éxitos sin ostentación. Es muy antiguo. Rima bien con jerarquía y altivez, aunque vaya sin corbata y tenga un futbolín en la oficina. Es más de recetas, de confundir el éxito con el argumento. No practica la sensatez en el riesgo.
Admiramos aquellos que
Lo hacen fácil. En la complejidad no lo complican más. Toman distancia sin perder la proximidad. Arriman el hombro sin superioridad moral. Transmiten serenidad en el rigor de la batalla. No se dejan llevar por egos desbocados. No gritan, pero se alían con la ironía. Para ellos la tesorería es la vida, la calidad es habilitante y la innovación singulariza el futuro. Creen que es mejor crecer haciendo crecer a los demás. Potencian el talento. Manejan bien las reuniones y consiguen acuerdos fructuosos. Inspiran sin querer. Alumbran sin deslumbrar. Llevan generosidad de serie. Teniendo todo el mérito son los primeros en felicitar a los demás. Son referencia porque nunca dejaron de aprender y escuchar. Nos invitan a la sabiduría, nos insinúan caminos para crecer, nos sugieren cómo esquivar la mediocridad. No sabemos si son buenos directivos porque son buenas personas o si son buenas personas porque son grandes directivos.
En FFACT, en el apartado TO THE EXCELLENCE encontrará un interesante cuestionario de 40 preguntas sobre «organización general de la empresa» que le ayudará a reflexionar sobre este importante tema.
Feliz semana a tod@s.
