Los síntomas de cansancio en la empresa

8 febrero, 2020 0 Por JLH

El cansancio que manifiestan las empresas es el paso previo al deterioro que, en la mayoría de los casos, conduce a su desaparición del mundo de los negocios. Esta fatiga se manifiesta por medio de unos síntomas claros y diáfanos. No es preciso que se den TODOS, sólo con que sucedan los más importantes y en una fuerte concentración, ya se puede deducir que pronto aparecerá el temible deterioro. Veamos algunos de estos síntomas que se dan con una mayor frecuencia.

  • Hay una serie de buenos profesionales, a todos los niveles, que optan por abandonar la empresa. Si nos atrevemos a preguntarles los motivos de estos abandonos y son sinceras sus contestaciones, veremos que la causa número uno estriba en que la empresa ya no es atractiva para su futuro desarrollo profesional. Se ha entrado en un círculo de rutina, en la atonía, en una ausencia de valentía, en un clima de conformismo, de mirarse el ombligo, de vivir de la historia que ahoga a las ideas y a las personas que las suscitan. La pregunta que revolotea por el aire es la siguiente: ¿Será fácil sustituir a estos buenos profesionales? Posiblemente, no y si son numerosos, menos.
  • Otro síntoma de las compañías que están en esta situación de cansancio es la ausencia de proyectos de mejora en todos los campos. Subyace la cultura del “ya vamos bien, ¿por qué hacer cambios?”, o “si funciona, no lo toques”. No se trata sólo de la ausencia de innovaciones de ruptura sino de las llamadas de mejora continua. Encefalograma plano, no hay ni ideas, ni acciones de mejora. No hay una moral de ir a mejor, de obtener éxito. Ni tan siquiera subsiste una cierta inclinación a aprender de los fracasos y reaccionar.
  • Continúan con los clientes de siempre, de toda la vida, aunque cada vez la infidelidad de éstos va creciendo de una forma constante y vistosa. No tienen nada nuevo que decirles. Su oferta es la de siempre. Desconocen, ni les importa, lo que están haciendo sus competidores más directos. Las bajadas de ventas las achacan a la crisis, a la situación política, a la mala suerte que tienen, a “que los clientes no saben comprar”, o bien, a “la pertinaz sequía que nos atenaza”.
  • Si nos damos una vuelta por la fábrica podremos observar cómo su parque de maquinaria tiene bastantes años. Ni tan siquiera hay cambios en el “layout”, como si las máquinas tuvieran raíces y no se pudieran mover ni trasplantar. Este cansancio provoca una quietud productiva pasmosa. Ni una visita a las ferias del sector para observar lo “último”, ni una simple y atenta escucha a los proveedores de maquinaria y utillaje que les visitan.
  • El inmovilismo anterior también ha irrumpido en los medios para gestionar la empresa. No hay ningún tipo de cambios en el sistema de dirección. Se dirige igual, no hay estímulos. No hay ningún planteamiento de entrar en nuevas maneras de hacer las cosas: la dirección por objetivos, el J.I.T., la calidad total, el A.B.C. (activity based costing), el marketing intimacy, el benchmarking, la gestión del conocimiento, la gestión por competencias, el internet, la planificación estratégica, etc.
  • Se está inmerso únicamente en el corto, muy corto plazo, resolviendo los problemas puntuales y las urgencias por riguroso orden de aparición en escena. No se quiere encontrar tiempo para pensar y para experimentar. Se hace sólo lo que se conoce bien, lo familiar, lo que gusta, no lo que es importante y que haría despertar de este absurdo y mortal letargo en el que está sumida la compañía.

Podríamos decir, sin equivocarnos, que las empresas que han desaparecido, o que en la actualidad están en trance de desaparecer, en su día vivieron épocas florecientes. Por todos los polígonos industriales se ven edificaciones “señoriales” que, en sus momentos de esplendor, generaron admiración y una sana envidia y hoy están vacías y depauperadas o bien han cambiado de manos. Las estadísticas nos dicen que el 65 o el 70 % de las empresas creadas desaparecen en tres o cuatro años. A los siete años han desaparecido el 85 %. A nosotros nos parece que, si hubiera un auténtico interés en llevar a cabo una buena gestión, estas calamitosas estadísticas no acontecerían.

Todas las compañías han sufrido, y están sufriendo, crisis. Lo importante es sobrevivir a las mismas. No caigamos en los errores similares a los descritos. En ellos han incurrido muchos directivos que eran considerados unos grandes profesionales, pero en realidad eran unos incompetentes de tomo y lomo que lo único que supieron hacer bien fue hundir a la compañía y poner a sus empleados a engrosar las tristes filas del paro.

En FFACT, en el apartado TO THE EXCELLENCE encontrará un interesante cuestionario de 23 preguntas sobre “la organización general de la empresa”, que le ayudará a reflexionar sobre este importante tema.

Feliz semana a tod@s.