¿Adular al jefe nos ayuda a progresar?
Existe un efecto llamado “síndrome de la tiara”. Se trata del sentimiento de aquellas personas que siempre trabajan duro y en silencio, esperando que su jefe acabe dándose cuenta de su valía y recompensándole su esfuerzo. Son profesionales discretos que rehúyen el autobombo, porque confían plenamente en el poder de la excelencia. El problema estriba en que este comportamiento suele ir acompañado de una impresión constante de malestar, provocada por la sensación de unas expectativas que a menudo no se cumplen.
Parece ser que el trabajo bien hecho no es suficiente para progresar en el ámbito laboral. Existen otras habilidades, ligadas a la inteligencia emocional, que tienen un peso específico, mucho más determinante, a la hora de obtener reconocimiento. Concretamente existen dos elementos claves: la necesidad de hacerse visible y la destreza para mantener una buena relación con el jefe.
La autopromoción y el peloteo son dos estrategias recurrentes para conseguir las medallas deseadas, ya sea en forma de promoción profesional o de incremento salarial. Sin embargo, debemos alertarnos sobre los efectos secundarios derivados de la sobredosis. Es decir, abusar de la adulación al jefe y alardear demasiado del propio éxito pueden producir buenos resultados a corto plazo. Pero a la larga deterioran la relación con los compañeros, aceleran el agotamiento mental y perjudican el rendimiento.
Sea como sea, si una organización confía toda la responsabilidad del desarrollo profesional a las aptitudes sociales, o melodramáticas, de sus integrantes, es evidente que está corriendo el riesgo de desaprovechar gran parte de su talento. Así que las empresas necesitan dotarse de liderazgos perspicaces, que sepan identificar a las personas más competentes y situarlas donde mejor puedan brillar. Liderazgos lúcidos, a los que se les encienda el radar cuando pasen por delante de profesionales humildes, que hacen bien su trabajo sin necesidad de proclamarlo a los cuatro vientos. Liderazgos audaces, que sientan más atracción por la crítica constructiva que por el halago estéril.
Una cosa es hacer la pelota al jefe y otra bien distinta es la gestión ascendente en busca de la mejora colectiva. Esta consiste en conocer bien las prioridades de los superiores, establecer dinámicas de trabajo efectivas y construir relaciones de confianza y sinceridad. Se trata de una competencia profesional que se puede y debe desarrollar.
En FFACT, en el apartado TO THE EXCELLENCE encontrará un interesante cuestionario de 40 preguntas sobre «las habilidades directivas» que le ayudará a reflexionar sobre este importante tema.
Feliz semana a tod@s.
