Miedo empresarial
Hemos palpado el miedo en algunas empresas. O hemos visto en los gestos. Lo hemos oído en estruendosos silencios. Lo hemos sentido en reuniones donde hay mucha gente que parece que se vigilen los unos a los otros. Lo hemos percibido en directivos que se sienten en una especie de jaque constante, como si no se atreviesen a ser ellos mismos. Existen empresas donde se conspira a destajo. Los que conspiran ya no se sabe si el por poder o porque ya no saben estar de otro modo. Conspiran como respiran.
Hemos conocido a muchos directivos con miedo. A los malos resultados que pueden comprometer el futuro de la empresa. Miedo a la tiranía de algunos clientes o a proveedores muy especiales. Miedo al conflicto. Miedo a dar malas noticias o a decirle al rey que hace tiempo que va desnudo. Miedo ante algunas personas tóxicas de su equipo. El buenismo siempre tuvo a muchos miedosos contumaces detrás.
Hemos conocido empresas donde la confianza gana por goleada. Empresas sin politiqueo de pasillo, con más complicidad que recelos. Con lógicas de colaboración sinceras. Donde hay problemas, desajustes, desacuerdos, pero no necesitan implantar una cultura de miedo para resolverlos. Con la prudencia es suficiente, una prudencia del sentido común. La prudencia tiene un punto racional. El miedo es muy emocional.
El miedo aparece cuando se tiene que hacer según qué, exponer según qué, actuar según cómo, hablar según con quién. La jerarquía autoritaria es un acelerador del miedo, la opacidad es un catalizador del miedo y la arbitrariedad es proveedora de miedos profundos.
Podemos tener miedo ante varias cosas, como no dar la talla, quedar mal, no saber hacer algo, equivocarse, perder la reputación o incluso el trabajo. Pero los miedos densos son miedos a alguien. Son pesadillas que llevan nombre y apellidos. Detrás hay jefazos o jefecillos que proyectan sus inseguridades profundas o que contagian sus propios miedos a todo un equipo o empresa. Distribuyen miedo por mediocridad. Pensemos que el miedo paraliza. El miedo crea sordos. El miedo desactiva atrevimientos imprescindibles. Atenaza almas.
Necesitamos espacios para crecer, para desplegarnos sin miedo. Para poder dar lo mejor de uno mismo se requiere confianza. El miedo mata la confianza en uno mismo y en los demás. El miedo sepulta los problemas. Pero los problemas resucitan. Necesitamos menos proveedores de inseguridad y más líderes que hagan crecer a la gente. Que les propongan a atreverse. Que les levanten a preguntas. Que inyecten energía positiva. Que diluyan las amenazas sin sentido. Que inviten a hablar sin meandros. Necesitamos gente que si son prudentes no es por miedo, sino por templanza.
Las empresas deben ser espacios de tensión. Pero no de miedo. Vivimos en la tensión de competir y de conseguir nuestros objetivos. Por eso sobrevivimos. La tensión se puede positivizar. El miedo, no. Debemos ir en serio, sortear inseguridades y hacer que las cosas pasen con sentido. Desprenderse del miedo no es nada fácil. Por eso necesitamos gente que sea capaz de ir muy en serio, de presionar para que las cosas pasen, pero sin recurrir al miedo, sin perder el hilo de complicidades básicas. Con miedo la gente crece poco y mal.
Ser directivo conlleva el saber transmitir seguridad psicológica a los demás. Estamos para crecer haciendo crecer. Para cuestionar silencios sospechosos. Estamos para tirar a la gente para arriba desatando capacidades que únicamente salen a flote cuando ahogamos el miedo. Avanzar sin miedo no es garantía de éxito, pero permite aflorar la autenticidad. El miedo no nos permite esquivar la mediocridad. El miedo no deja espacio a la pasión y sin pasión, no pasa nada.
En FFACT, en el apartado TO THE EXCELLENCE encontrará un interesante cuestionario de 40 preguntas sobre «la organización general de la empresa» que le ayudará a reflexionar sobre este importante tema.
Feliz semana a tod@s.
