La cancelación anticipada de créditos

22 abril, 2017 0 Por JLH

Muchas empresas están trabajando duro para hacer liquidez. El éxito acompaña sus esfuerzos y se encuentran con un excedente de tesorería considerable. La pregunta es ¿qué hacer con él? ¿a qué destinarlo? Es obvio que las respuestas son múltiples y variopintas. Van desde hacer inversiones financieras, más o menos especulativas, a devolverlo a los accionistas, sin olvidar la disminución de su actual endeudamiento. Hoy vamos a reflexionar un poco sobre esta última opción.

La idea central reside en que antes de tomar cualquier decisión se deben hacer números e “hilar fino”. De entrada, existen dos formas de cancelación de los préstamos, la total y la parcial. Ésta última se puede instrumentar mediante la reducción de la cuantía a devolver, manteniendo los plazos o bien, mantener las cuantías y reducir los plazos. No podemos olvidar que el objetivo principal que tienen las empresas para cancelar anticipadamente sus préstamos es el ahorro de los costes financieros, por intereses y otras gabelas que se pagan por el mismo.

Pero, tampoco podemos olvidar que la banca va a penalizar a la empresa por el simple hecho de cancelar anticipadamente su deuda. La compañía debe repasar con cuidado las comisiones concretas que se van a aplicar y lograr que quede exactamente determinado el coste financiero completo que cargarán en la cancelación. Es posible que se hayan pactado determinados porcentajes del capital originario o pendiente del préstamo que están exentos de comisión de cancelación. El superarlos puede significar que cobren por el exceso o desde el primer euro, lo que es importante considerar para evitar pagar más de lo estipulado. También es frecuente que se fije un importe mínimo a cancelar, o que se establezcan determinadas fechas concretas para ello, etc. En cancelaciones totales de préstamos hipotecarios existen unos gastos adicionales tales como notaría, registro, gestoría, etc., que se deben tener presente si queremos tener el Registro de la Propiedad actualizado y “limpio” desde el mismo momento de la cancelación total. En fin, la empresa debe tener estudiados y previstos absolutamente todos los gastos derivados de la cancelación.

Pero aquí no acaba la historia. Debemos hacer más números. Por un lado, tenemos las cuantías que nos va a costar la cancelación anticipada. A esta cantidad deberíamos sumarle el posible beneficio al que renunciamos por no efectuar las inversiones alternativas del capital que se va emplear en la cancelación del crédito. Esta cuantía total la deberíamos comparar con el ahorro que vamos a tener por cancelar anticipadamente el préstamo.  La decisión objetiva de cancelar créditos, o no, será la que se derive de esta comparación.

Un banco, en su Web, explica que “cuando se ha sobrepasado ampliamente la mitad de la vida del préstamo, si el sistema es francés, la cancelación anticipada no suele ser un buen negocio generalmente, pues la proporción de intereses que pagamos en la cuota es muy inferior a lo que era, o dicho de otro modo, ya hemos pagado en buena parte por anticipado, por lo que en momentos como el actual, con ofertas interesantes en posiciones de pasivo y con un mercado crediticio estrecho, debemos pensarnos seriamente las cancelaciones anticipadas voluntarias”.

En FFACT, en el apartado TO THE EXCELLENCE encontrará un interesante cuestionario de 23 preguntas sobre “el exigible a largo plazo”, que le ayudará a reflexionar sobre este importante tema.

Feliz semana a tod@s.